XXXI DOMINGO DURANTE EL AÑO (CICLO A)
SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS
1 DE NOVIEMBRE DE 2026
¡Adelante... con fe!
Recientemente un joven, de unos 12 años, me preguntó: ¿Para ser santo, hay que hacer dos milagros? Él estaba mezclando el tema del llamado que tenemos todos a la santidad, con los que la Iglesia reconoce santos y son llevados a los altareres por el proceso de canonización. Después de explicarle la diferencia, le dije que ser santo es buscar y hacer la voluntad de Dios. Su rostro cambió pues, hasta ese momento, el veía la santidad como algo imposible.
Hoy celebramos la Solemnidad de todos los santos. Nos referimos a todos aquellos que alcanzaron la santidad y cuyos nombres no conocemos.
Celebramos a todos aquellos que forman la «muchedumbre inmensa» de la primera lectura. Multitud formada por padres y madres de familia, abuelos y abuelas, estudiantes, trabajadores, servidores de Cristo, presos, refugiados, perseguidos, entre otros. Gente de carne y hueso, que lucharon contra sus pecados y debilidades y que creyeron en el amor de Dios y en sus promesas.
Decía san Juan Pablo II: “La aventura de la Santidad comienza con un sí a Dios”. Y el Papa Francisco lo expresaba así: "Cuando uno se cree premio Nobel de la santidad, debe recordar sus miserias.” Les dejo estas citas para meditar.
Por otro lado, el Evangelio, tomado de san Mateo 5, 1-12a, nos trae las Bienaventuranzas. Estas son el mapa que conduce al Reino de los Cielos. Son descritas también, como un retrato del corazón de Jesucristo y el programa de vida para sus discípulos.
Humildemente les cuento que hoy celebro mi 8vo aniversario de ordenación diaconal y les pido que oren por mí y mis hermanos diáconos, para que el Señor nos siga guiando y llevando de su santa mano. Que imitemos a María, ejemplo de santidad y humildad.
Dice el Evangelio: «Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.» Gracias Señor por tu amor y tu misericordia.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie
Hoy celebramos la Solemnidad de todos los santos. Nos referimos a todos aquellos que alcanzaron la santidad y cuyos nombres no conocemos.
Celebramos a todos aquellos que forman la «muchedumbre inmensa» de la primera lectura. Multitud formada por padres y madres de familia, abuelos y abuelas, estudiantes, trabajadores, servidores de Cristo, presos, refugiados, perseguidos, entre otros. Gente de carne y hueso, que lucharon contra sus pecados y debilidades y que creyeron en el amor de Dios y en sus promesas.
Decía san Juan Pablo II: “La aventura de la Santidad comienza con un sí a Dios”. Y el Papa Francisco lo expresaba así: "Cuando uno se cree premio Nobel de la santidad, debe recordar sus miserias.” Les dejo estas citas para meditar.
Por otro lado, el Evangelio, tomado de san Mateo 5, 1-12a, nos trae las Bienaventuranzas. Estas son el mapa que conduce al Reino de los Cielos. Son descritas también, como un retrato del corazón de Jesucristo y el programa de vida para sus discípulos.
Humildemente les cuento que hoy celebro mi 8vo aniversario de ordenación diaconal y les pido que oren por mí y mis hermanos diáconos, para que el Señor nos siga guiando y llevando de su santa mano. Que imitemos a María, ejemplo de santidad y humildad.
Dice el Evangelio: «Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.» Gracias Señor por tu amor y tu misericordia.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie
Lectura del libro del Apocalipsis 7, 2-4. 9-14
“Apareció en la visión una muchedumbre inmensa,
que nadie podría contar,
de toda nación, raza, pueblo y lengua”
Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles:
– «No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios.»
Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.
Después de esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente:
– «¡La victoria es de nuestro Dios,
que está sentado en el trono,
y del Cordero!»
Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo:
– «Amén.
La alabanza y la gloria y la sabiduría
y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza
son de nuestro Dios,
por los siglos de los siglos. Amén.»
Y uno de los ancianos me dijo:
– «Ésos que están vestidos con vestiduras blancas ¿quiénes son y de dónde han venido?»
Yo le respondí:
– «Señor mío, tú lo sabrás.»
Él me respondió:
– «Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero.»
“Apareció en la visión una muchedumbre inmensa,
que nadie podría contar,
de toda nación, raza, pueblo y lengua”
Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles:
– «No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios.»
Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.
Después de esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente:
– «¡La victoria es de nuestro Dios,
que está sentado en el trono,
y del Cordero!»
Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo:
– «Amén.
La alabanza y la gloria y la sabiduría
y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza
son de nuestro Dios,
por los siglos de los siglos. Amén.»
Y uno de los ancianos me dijo:
– «Ésos que están vestidos con vestiduras blancas ¿quiénes son y de dónde han venido?»
Yo le respondí:
– «Señor mío, tú lo sabrás.»
Él me respondió:
– «Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero.»
Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6
R/. Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.
Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos. R/.
¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos. R/.
Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Éste es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R/.
R/. Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.
Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos. R/.
¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos. R/.
Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Éste es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R/.
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 1-3
“Veremos a Dios tal cual es”
Queridos hermanos:
Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!
El mundo no nos conoce porque no le conoció a él.
Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.
Todo el que tiene esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.
“Veremos a Dios tal cual es”
Queridos hermanos:
Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!
El mundo no nos conoce porque no le conoció a él.
Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.
Todo el que tiene esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados,
y yo os aliviaré
—dice el Señor—.
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a
“Estad alegres y contentos,
porque vuestra recompensa será grande en el cielo”
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
– «Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Dichosos los sufridos,
porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.»
y yo os aliviaré
—dice el Señor—.
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a
“Estad alegres y contentos,
porque vuestra recompensa será grande en el cielo”
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
– «Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Dichosos los sufridos,
porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.»
