IV DOMINGO DURANTE EL AÑO (CICLO A)
1 DE FEBRERO DE 2026
¡Adelante... con fe!
En el libro “Diario del último año de vida de Henri Nouwen”, dice: “Vivir una vida espiritual significa llevar todo mi ser a la morada que le pertenece. Mi tarea espiritual verdadera consiste en dejarme ser amado, plena y completamente y creer que en este amor llegaré al cumplimiento de mi vocación. Sigo intentando llevar mi ser errante, inquieto y ansioso a su hogar para que pueda descansar en el abrazo del Amor”.
Me parece que esta cita va con el Evangelio de hoy, tomado de san Mateo 5, 1-12. Jesús, en el Sermón de la Montaña nos presenta las Bienaventuranzas, que es el camino seguro a la felicidad.
Son promesas de Jesús, pero no son como las promesas de un político en campaña. Algunos prometen cosas fantasiosas para conseguir el voto y apenas ganan, se les olvida lo prometido. Lo peor es que nosotros volvemos y caemos en la trampa.
Jesús no está en campaña. Sabemos que Él promete y de seguro cumplirá. Así que, con las Bienaventuranzas nos está diciendo: Así sucederá, ¿quieres ser parte? Entonces, ¿cómo puedo ser parte, en un mundo tan falto de valores morales?
Usualmente miramos las Bienaventuranzas con criterios humanos. Pero Dios quiere que las miremos con sus lentes. O sea, como bendiciones que podemos recibir ahora mismo, uniéndonos a Él y viviendo y actuando con la fuerza del Espíritu Santo.
Por otro lado, Jesús llama “dichosos” a los que lloran y sufren. ¿Será que quiere vernos sufrir? Claro que no. Él quiere que sepamos que, seguirlo va a traernos dificultades, porque se contrapone a lo que el mundo nos ofrece.
Confía en las promesas de Jesús, sabiendo que nos espera una gran recompensa. Permite que esta seguridad profundice tu fe en Él y lleve tu ser errante, inquieto y ansioso a su hogar, para que pueda descansar en el abrazo del Amor.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie
Me parece que esta cita va con el Evangelio de hoy, tomado de san Mateo 5, 1-12. Jesús, en el Sermón de la Montaña nos presenta las Bienaventuranzas, que es el camino seguro a la felicidad.
Son promesas de Jesús, pero no son como las promesas de un político en campaña. Algunos prometen cosas fantasiosas para conseguir el voto y apenas ganan, se les olvida lo prometido. Lo peor es que nosotros volvemos y caemos en la trampa.
Jesús no está en campaña. Sabemos que Él promete y de seguro cumplirá. Así que, con las Bienaventuranzas nos está diciendo: Así sucederá, ¿quieres ser parte? Entonces, ¿cómo puedo ser parte, en un mundo tan falto de valores morales?
Usualmente miramos las Bienaventuranzas con criterios humanos. Pero Dios quiere que las miremos con sus lentes. O sea, como bendiciones que podemos recibir ahora mismo, uniéndonos a Él y viviendo y actuando con la fuerza del Espíritu Santo.
Por otro lado, Jesús llama “dichosos” a los que lloran y sufren. ¿Será que quiere vernos sufrir? Claro que no. Él quiere que sepamos que, seguirlo va a traernos dificultades, porque se contrapone a lo que el mundo nos ofrece.
Confía en las promesas de Jesús, sabiendo que nos espera una gran recompensa. Permite que esta seguridad profundice tu fe en Él y lleve tu ser errante, inquieto y ansioso a su hogar, para que pueda descansar en el abrazo del Amor.
¡Adelante con fe!
Diácono Richie
Lectura de la profecía de Sofonías 2, 3; 3, 12-13
“Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde”
Buscad al Señor, los humildes,
que cumplís sus mandamientos;
buscad la justicia,
buscad la moderación,
quizá podáis ocultaros
el día de la ira del Señor.
«Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde,
que confiará en el nombre del Señor.
El resto de Israel no cometerá maldades,
ni dirá mentiras,
ni se hallará en su boca una lengua embustera;
pastarán y se tenderán sin sobresaltos.»
“Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde”
Buscad al Señor, los humildes,
que cumplís sus mandamientos;
buscad la justicia,
buscad la moderación,
quizá podáis ocultaros
el día de la ira del Señor.
«Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde,
que confiará en el nombre del Señor.
El resto de Israel no cometerá maldades,
ni dirá mentiras,
ni se hallará en su boca una lengua embustera;
pastarán y se tenderán sin sobresaltos.»
Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10
R/. Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, él hace justicia a los oprimidos, él da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos. R/.
El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos. R/.
Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad. R/.
R/. Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, él hace justicia a los oprimidos, él da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos. R/.
El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos. R/.
Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad. R/.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 26-31
“Dios ha escogido lo débil del mundo”
Fijaos en vuestra asamblea, hermanos, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder.
Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.
Por él vosotros sois en Cristo Jesús, en este Cristo que Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención.
Y así —como dice la Escritura— «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».
“Dios ha escogido lo débil del mundo”
Fijaos en vuestra asamblea, hermanos, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder.
Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.
Por él vosotros sois en Cristo Jesús, en este Cristo que Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención.
Y así —como dice la Escritura— «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».
Estad alegres y contentos,
porque vuestra recompensa será grande en el cielo.
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a
“Dichosos los pobres en el espíritu”
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
«Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Dichosos los sufridos,
porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.»
porque vuestra recompensa será grande en el cielo.
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a
“Dichosos los pobres en el espíritu”
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
«Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Dichosos los sufridos,
porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.»
