Lectio Divina
Este texto se ubica en un momento clave de la vida de Jesús. Su ministerio tuvo mucho éxito al comienzo y muchos le siguieron. Ahora Jesús se retira solo con sus discípulos al norte de Palestina, a Cesarea de Filipo (40 kilómetros al norte del lago Tiberíades), para “reconsiderar” el fracaso de su tarea evangelizadora.
Por su diálogo con los discípulos podemos ver que Jesús pretende que ellos entiendan, mejor que nadie, cuál es su misión. El pueblo no ha captado quién es Jesús, le siguen porque hace milagros y así quedan beneficiados. «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo» (v. 16). La pregunta que Jesús lanza a sus discípulos no es un juego de palabras, sino una pregunta vital para Jesús, y más importante para los discípulos. Jesús quiere reafirmarse en su misión y confirmar a los discípulos en su seguimiento. «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (v. 16). Movido por revelación divina, Pedro da en el clavo. Es el testimonio de una fe auténtica, la fe que lleva al amor.
Por su diálogo con los discípulos podemos ver que Jesús pretende que ellos entiendan, mejor que nadie, cuál es su misión. El pueblo no ha captado quién es Jesús, le siguen porque hace milagros y así quedan beneficiados. «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo» (v. 16). La pregunta que Jesús lanza a sus discípulos no es un juego de palabras, sino una pregunta vital para Jesús, y más importante para los discípulos. Jesús quiere reafirmarse en su misión y confirmar a los discípulos en su seguimiento. «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (v. 16). Movido por revelación divina, Pedro da en el clavo. Es el testimonio de una fe auténtica, la fe que lleva al amor.
¿Qué le respondo a Jesús cuando a mí me dirige esa pregunta esencial: tú, ¿quién dices que soy yo? Mi respuesta ha de ser personal, no teórica ni común. Una respuesta que brote de mi experiencia de amor con el Señor. ¿Trato de leer obras sanas y profundas sobre Jesús o pierdo el tiempo leyendo libros, novelas, películas, que hoy están de moda y que dicen absolutas “majaderías” sobre Jesús? ¡Qué pena causan esos cristianos que, con formación teológica escasa o nula, se dedican a esas lecturas! ¡Qué fácilmente se quedan con esas opiniones y no con lo que la Iglesia y los teólogos de la Iglesia enseñan sobre Jesús!
Repítele muchas veces: “Señor, Tú lo sabes todo. Tú sabes que te amo...” Pide a Jesús crecer en un mayor conocimiento vivencial de Él.
Quédate fascinado ante la belleza y sublimidad de este Jesús Mesías, Hijo de Dios, hermano nuestro, que vive en la Iglesia, en su Palabra, en la celebración de su misterio. Contempla a tantos cristianos mediocres, que no tienen interés en profundizar en esa experiencia de fe y amor con Jesús.
Haz un propósito firme de meditar en la persona y mensaje de Jesús, leyendo libros que puedan formarte sólidamente en el conocimiento y experiencia con Él.
