Lectio Divina
El capítulo 18 de Mateo trata de la vida de la comunidad. Los puntos que desarrolla el evangelista, como enseñanza directa de Jesús, son: quién es el mayor en el Reino; no escandalizar a los pequeños; ir en busca de la oveja perdida; la corrección fraterna (que leemos en este domingo); y la necesidad de perdonar siempre.
La corrección fraterna propuesta por Jesús es fruto del amor al prójimo, y su finalidad es hacer que el ofensor recapacite, pida perdón y quede reintegrado a la comunidad. La presencia de Jesús en medio de la comunidad es la fortaleza para sus seguidores. Es Él quien la capacita para amar, perdonar y reconciliar. La Iglesia tiene el ministerio de la reconciliación: atar y desatar.
La corrección fraterna propuesta por Jesús es fruto del amor al prójimo, y su finalidad es hacer que el ofensor recapacite, pida perdón y quede reintegrado a la comunidad. La presencia de Jesús en medio de la comunidad es la fortaleza para sus seguidores. Es Él quien la capacita para amar, perdonar y reconciliar. La Iglesia tiene el ministerio de la reconciliación: atar y desatar.
Reviso mi propia vida, para analizar mis actitudes de perdón por las ofensas que posiblemente recibo. ¿Cómo respondo a esas ofensas? ¿Con palabras y gestos más duros? ¿Con paz? ¿Con diálogo? ¿Con perdón, sin guardar resentimientos? Si ofrezco el perdón ¿me siento cobarde, poca persona, humillado? ¿Me dominan los sentimientos de humillación, de ser menos si me callo o acostumbro a responder con perdón y amor? ¿O espero la ocasión para desquitarme? ¿Trato de ser instrumento de paz entre los que me rodean? ¿Soy fácil en lanzar chismes e interpretaciones acusadoras o que malinterpretan al otro? ¿Qué hago de positivo para la verdadera paz en mi comunidad?
Mi oración puede centrarse en estos términos: comprender, dialogar, ofrecer y dar el perdón. Arrepentimiento por mis fallos en estos aspectos. Sentirme “instrumento de reconciliación” entre mis hermanos.
A Jesús, que perdona y corrige al soldado que le abofetea. En la cruz, que pide al Padre el perdón a los que le insultan.
Ofrece el perdón interiormente a aquellos que te hayan ofendido. Repite, como San Francisco de Asís: “Señor, hazme un instrumento de tu paz.”
