Lectio Divina
Es necesario entender el contexto del pasaje de hoy: En los versículos anteriores, Jesús anuncia a sus discípulos su pasión, muerte y resurrección. Ellos no le entienden y Pedro quiere disuadir a Jesús de ir a Jerusalén, pero Jesús rechaza su intervención. Los discípulos siguen pensando en un Mesías triunfalista. Jesús intenta catequizarlos: asumir la cruz es la actitud para entender el misterio del Mesías. Es un camino de contrastes: El que quiera salvar su vida, la perderá; el que pierda su vida por mí, la conservará.
La Transfiguración es una teofanía (manifestación) del Señor y sigue el mismo esquema de las teofanías que encontramos en el AT, con la diferencia que aquí no se trata la manifestación de Dios, sino de Jesús, presentado como Hijo de Dios.
Cuando me acerco en la oración al Señor, ¿qué busco en Él? ¿Consuelo, apoyo, que me facilite las cosas? ¿Qué espero cuando me decido a ser discípulo de Jesús? ¿Gozos, alegrías? ¿O busco simplemente ser amigo de Él, crecer en su comunión y en su misma vida? Esto, ¿me sirve para evadirme de los compromisos en la familia, en la comunidad cristiana, en la sociedad? ¿Escucho de verdad a Jesús-Palabra al leer la Escritura? ¿La Palabra, es para mí la referencia más segura para discernir sobre mis sentimientos, valores, actos y conducta? ¿Acepto la cruz de la vida y, como Jesús, la asumo con fidelidad, entrega, amor y alegría?
Señor Jesús, Tú eres el rostro resplandeciente del Padre. En Ti encuentro la luz, la paz, la ley, la profecía y la total sabiduría. Tú me enseñas una sabiduría escondida a los sabios de este mundo. Es la sabiduría del misterio de la cruz, que tanto me cuesta entender y aceptar. Sé que este camino, el mismo que Tú seguiste, me llevará a la vida plena que Tú ya posees. Haz, Jesús, que yo pueda ser con mi vida de aquí una pequeña chispa de tu gloria, una insignificante luz, para que los demás alaben, contigo, al Padre
A Jesús, resplandeciente, transformando en Él a toda la humanidad. A ti mismo, que algún día brillarás como espejo de Jesús Resucitado. A los hermanos, a veces oscurecidos por sus propias tinieblas de conductas desviadas. A ti, que eres llamado por Dios a resplandecer desde Jesús y ser luz para otros.
Repite con frecuencia: “Envíame tu luz y tu verdad, que ellas me guíen y me lleven hasta tu monte santo” (Sal 43, 3).
Fuente: es.catholic.net
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