Lectio Divina
El texto de hoy va enmarcado en la expresión “No teman”, que Jesús repite tres veces. En el Antiguo Testamento esta expresión aparece en contextos de confianza y esperanza de la ayuda divina. Jesús repite las mismas palabras para dar confianza y ánimo a sus discípulos.
Jesús da a los discípulos las razones para no dejarse dominar por el miedo: Nadie podrá contra su mensaje, que hay que proclamarlo con toda libertad y convencimiento, a plena luz y desde las azoteas (v. 27). La fuerza interior de los evangelizadores (v. 28), podrán ser torturados y martirizados, pero nadie les podrá arrebatar la vida verdadera. La providencia del Padre (vs. 29-31), que cuida de la vida de los discípulos mucho más que la de los pájaros, de aquí la confianza total en el Señor providente.
Jesús da a los discípulos las razones para no dejarse dominar por el miedo: Nadie podrá contra su mensaje, que hay que proclamarlo con toda libertad y convencimiento, a plena luz y desde las azoteas (v. 27). La fuerza interior de los evangelizadores (v. 28), podrán ser torturados y martirizados, pero nadie les podrá arrebatar la vida verdadera. La providencia del Padre (vs. 29-31), que cuida de la vida de los discípulos mucho más que la de los pájaros, de aquí la confianza total en el Señor providente.
Tengo que obrar en coherencia. La fe que el Señor me regaló en el bautismo tengo que traducirla en una total confianza en Él. Pase lo que pase, yo estoy en sus manos y esto nadie me lo podrá arrebatar. Si sufro contradicciones y persecuciones por seguir el Evangelio, trataré de alegrarme en el Señor, porque para Él soy su hijo predilecto. ¡Nunca me dejará de su mano! ¡Siempre seré su hijo amado!
Señor, que sea testigo de tu Evangelio, superando los miedos, los complejos, las apatías, las desconfianzas. Dame ánimo para no negar que te conozco y confío en Ti. Dame ánimo para que mis obras correspondan a esta fe y confianza que tengo en Ti. Que yo experimente siempre ese gran Amor que me tienes, para que, en el sufrimiento, en la enfermedad, en mis limitaciones y pecados, siga confiando en que Tú eres pura bondad y misericordia.
A Jesús que te manifiesta su amor y su fortaleza, aun cuando pases por momentos difíciles. A ti mismo, que escuchas en tu interior: Tú eres mi hijo amado. A ti mismo, que te envía Jesús a predicar la Buena Noticia de que Dios nos ama. A los demás, a quienes Dios ama y, tal vez, no lo perciben y viven olvidados del Padre.
Repite con frecuencia: “Tú eres, Padre, mi refugio y fortaleza”.
