Lectio Divina
Mateo recoge en este texto tres dichos de Jesús: El primero (vs. 25–26) es una oración de alabanza de Jesús al Padre porque revela el Evangelio a los sencillos. En el segundo (v. 27), Jesús nos manifiesta su relación íntima con el Padre. En el tercero (vs 28–30), Jesús revela su predilección por todos aquellos que sufren por seguir el Evangelio.
La Palabra de hoy nos dice cosas importantes para sentirnos y vivir mejor. La oración de alabanza y de acción de gracias. ¿La vivo?, ¿la practico? ¿Reconozco lo que el Señor me regala gratuitamente? ¿Me doy cuenta que este tipo de oración es mucho mejor que la oración de petición? ¿Cómo vivo la confianza con Jesús y con el Padre? ¿La tengo como “remedio” total a todas mis penas, incluso el pecado? ¿Me siento confiado en Jesús y le tengo por mi total descanso, quietud y pacificación? ¿Me siento sereno con Él ante las tempestades de mi existencia?
Te pido, Padre, que sea agradecido a tus generosos dones. Sobre todo, porque me regalas tu misma vida y me aceptas en tu intimidad. No te pido otra cosa sino que siempre reconozca tu inmenso amor, que me llena del todo y ahuyenta mis temores. Que mi vida sea un Magníficat, reconocido y agradecido. Quiero cargar con las cruces de la vida. Pero deseo vivamente que Tú sigas fortaleciendo mi débil condición, para que me sobreponga sobre mis contradicciones. Quiero estar siempre contigo, Padre. Como lo estuvo tu Hijo Jesús. Como lo estuvo la Madre María y tantos hijos tuyos entrañables.
A Jesús, que alaba al Padre con toda emoción, porque es el Dios de los sencillos y pobres de corazón. A ti mismo, que te sientes agraciado por el Padre en Jesús. A los demás, hijos todos amados del Padre por Jesús.
Como María, repite con frecuencia reconociendo la vida total que generosamente te viene del Señor y tu propia limitación y pequeñez: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador. Porque ha mirado la pequeñez de su esclava.”
