Lectio Divina
El evangelista Mateo nos trae tres preguntas capciosas que los fariseos hacen a Jesús, esto después de darse cuenta que las tres parábolas anteriores (hijo que dijo que sí, pero no fue a trabajar; los viñadores homicidas; y los invitados al banquete de bodas) les acusaban abiertamente. Los fariseos ahora buscan pruebas para acusar a Jesús, así que le tienden una trampa. Si afirma que hay que dar el tributo al emperador, le acusarían de colaborador con el Imperio Romano; y si dice que no hay que pagar, la acusarían entonces de rebelde contra el Imperio. Sin embargo, Jesús afirma al mismo tiempo la autoridad humana y la autoridad de Dios.
¿Cómo me ubico ante esta doble perspectiva: ciudadano y discípulo de Jesús? ¿Tengo claros los planteamientos del Evangelio en relación a vivir y ejercer el amor al prójimo? ¿Cómo miro a los políticos? ¿Se dedican a trabajar por el bien común, por la justicia, por el bienestar de los ciudadanos? ¿Qué les pediríamos a los políticos cristianos? ¿Qué puedo hacer yo, como ciudadano y como cristiano, en favor de los necesitados? ¿Sólo rezar? ¿Puedo trabajar por la auténtica justicia social? ¿Está bien que un cristiano milite en un partido político? En este sentido, ¿qué le promete a Dios y qué le prometo a mi comunidad cristiana?
Ante este dilema (el César o Dios), ¿qué le respondo como creyente al Señor? ¿Siento que el Señor me pide trabajar por una verdadera y auténtica política? ¿Qué estoy dispuesto a poner de mi vida en este sentido? O, ¿me conformo solamente con rezar por las autoridades para que cumplan su deber?
A Jesús que desafía a los fariseos, saduceos y herodianos a favor de la dignidad de las personas. A la sociedad, necesitada de políticos y profesionistas honrados, que se preocupen por el bien ajeno. A ti mismo, tan evasivo o tímido cuando se trata de trabajar por la justicia social.
Haz un propósito para colaborar con alguna entidad, civil o eclesiástica, en beneficio de la gente necesitada. Lleva este buen propósito a la oración, recordando las palabras de Jesús: “Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”; “Por el amor que se tengan los unos a los otros reconocerán todos que son discípulos míos”.
