Lectio Divina
Este es un texto muy elaborado y con un gran mensaje teológico. No es una crónica de unos hechos, sino que a través del relato se nos invita a descubrir la lucha interna que Jesús tuvo a lo largo de su existencia terrena para ser fiel al Padre.
Las tentaciones son tres. La primera, la tentación de poseer, se presenta ante un mesianismo materialista, que satisfaga las necesidades corporales del hombre. Jesús opone la Palabra que presenta un nivel superior de vida y aspiraciones en sintonía total con la Palabra. La segunda, la tentación del placer, ante un mesianismo triunfalista, milagrero y de éxito. Jesús, como Siervo, opone la disponibilidad y fidelidad al Padre. La tercera, la tentación del poder, ante la tentación del dominio y del aplauso, y de constituirse “señor y dios”. Jesús declara el señorío absoluto de Dios.
Las tentaciones son tres. La primera, la tentación de poseer, se presenta ante un mesianismo materialista, que satisfaga las necesidades corporales del hombre. Jesús opone la Palabra que presenta un nivel superior de vida y aspiraciones en sintonía total con la Palabra. La segunda, la tentación del placer, ante un mesianismo triunfalista, milagrero y de éxito. Jesús, como Siervo, opone la disponibilidad y fidelidad al Padre. La tercera, la tentación del poder, ante la tentación del dominio y del aplauso, y de constituirse “señor y dios”. Jesús declara el señorío absoluto de Dios.
¿Cuáles son mis tentaciones más fuertes: dinero, ambición, vanidad, soberbia, sensualidad, insensibilidad ante el dolor ajeno? ¿Qué hago por superarlas y enfrentar otros valores según el Evangelio? ¿La Palabra de Dios está en mi corazón y en mi boca?
La súplica más humilde y confiada es la que nos enseñó el mismo Jesús: “No nos dejes caer en tentación”. Dale gracias a Jesús porque Él es nuestra fuerza para vencer cualquier tentación. Ábrete a confiar totalmente en Él, pues la peor tentación es el no confiar en Él.
A Jesús, que sale vencedor de la tentación a lo largo de su vida. Él es nuestra fortaleza. A ti mismo, débil. Pero tu fortaleza es la del Señor. Cuando me siento débil, entonces es cuando soy fuerte (2Cor 12, 10). Todo lo puedo en Cristo que me da la fuerza (Flp 4, 13).
Concreta tus buenos propósitos para resistir a las tentaciones, sobre todo, en orden a crecer en la confianza y fortaleza en Jesús. Repite con frecuencia: “No nos dejes caer en la tentación”.
